La prevención al abuso sexual infantil y en adolescencias es parte de una cultura del cuidado colectivo. Como madres, padres y comunidad debemos ser figuras de confianza, validar el “no” de niñas y niños, llamar a las cosas por su nombre y hablar con claridad sobre su cuerpo.
Los adultos sanos se relacionan en espacios abiertos y con supervisión. Entre adolescentes, el cuidado también es entre pares, si un adulto aísla, regala en exceso o aleja de sus actividades, hay que alertar. Creerles siempre, crear protocolos comunitarios y vigilar que nadie se sienta intocable es clave.
La complicidad se nutre del silencio, por eso hay que construir una red de cuidados.
Autora: Yolotzin Zamora
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