En cada altar florece la memoria del campo. La flor de cempoalxóchitl, el maíz, el frijol, la calabaza, el chocolate y la guayaba nos recuerdan que la vida y la muerte comparten el mismo calendario, el de la siembra y la cosecha.
Mientras las comunidades preparan sus ofrendas, el campo mexicano se levanta para exigir justicia y reconocimiento. Cada flor que ponemos en el altar viene del trabajo de las familias campesinas.
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