En septiembre, mes de la prevención del suicidio, resulta clave comprender dos condiciones estrechamente relacionadas con este problema: la ansiedad y la depresión. La ansiedad surge como una reacción de supervivencia, sin embargo, cuando este mecanismo es constante y sin peligro real, se convierte en un trastorno.
La depresión, se explica por alteraciones más complejas que incluyen desequilibrios en neurotransmisores y cambios en regiones cerebrales, lo que genera síntomas como tristeza profunda y desesperanza.
Tanto la ansiedad como la depresión son condiciones biopsicosociales, influidas por factores genéticos, experiencias de vida y el entorno social. No son imaginarias ni se superan con fuerza de voluntad, sino que requieren atención y tratamiento, además de acompañamiento para reducir el estigma y abrir caminos de cuidado.
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